La melancólica esterilidad del
callejón de montañas en que entramos
luego, parecía imaginada por un autor
dramático aficionado a transiciones
violentas y contrastados cambios de
decoración.
A nuestra izquierda se levantaba una
inconmensurable ladera, casi vertical,
sin árboles, sin riscos, sin arroyos,
sin nieves y sin verdura. Asemejábase,
hasta por el color, a una de las caras
amarillentas de aquellas inmensas
pirámides del Nilo que sirvieron de
túmulo a otros reyes.- Era una
estribación o antemural del costado de
Sierra Nevada, que nos ocultaba la
sierra misma, y que se llama el Cerro
Maziar.
A
la derecha se escalonaban unas terreras
y colinas, también sin vegetación de
ninguna clase, derivadas de la
sierrecilla de Tejeda.
Al
frente... nada: las paredes del propio
callejón, que culebreaba en ambos
sentidos, sin el más breve asomo de
horizonte, como el foso de una angulosa
fortaleza.
Desde que pasamos del Suspiro del Moro
ya no ofrecían interés alguno las
contemplaciones retrospectivas...
Nos
habíamos trasladado, por lo tanto, a la
berlina de la Diligencia, con el afán de
ir descubriendo terreno.
Pero como sabíamos que hasta llegar al
Padul, distante del Suspiro unos dos o
tres kilómetros, sólo hay que ver
aquella monótona muralla con que
principia el flanco de la Sierra,
lanzamos nuestra imaginación en pos de
BOABDIL, puesto que llevábamos el mismo
camino, a fin de recordar qué fue de él
en el amargo epílogo de su vida.
El REY CHICO, que no era chico, sino de
gentil estatura y apuesto continente,
pero a quien los moros pusieron aquel
apodo por alusión a su siempre menguado
Reino, fuese a residir a Cobdaa, en el
extremo oriental de la Alpujarra,
lugarcillo delicioso, que tuvo honores
de ciudad mientras fue su corte, y que
hoy llaman el Presidio de Andarax sus
ciento cincuenta y tantos vecinos.
Lo
pactado en las Capitulaciones respecto
de él y de su familia, en un Tratado
secreto, de diez y seis artículos, que
existe en el Archivo Municipal de
Granada, y también en el de Simancas,
había sido lo siguiente: -LOS REYES
CATÓLICOS aseguraban a BOABDIL, a su
esposa, a su madre, a ZORAYA (la
favorita de su padre) y a los hijos de
ésta, todas las huertas, tierras, hazas,
molinos, baños y heredamientos que
constituían el Patrimonio real, con
facultad de venderlos; afianzaban
también a BOABDIL la posesión de sus
bienes patrimoniales dentro y fuera de
Granada, y le cedían por juro de
heredad, para sí y sus descendientes
(con la tácita condición de vivir en
ellas), las tahas (distritos) de Berja,
Dalias, Marchena, Boloduy, Lúchar,
Andarax, Ugíjar, Órgiva, Jubiles,
Ferreira o Ferreirola y Poqueira, (esto
es, toda la Alpujarra y un poco más),
con todos los pechos y derechos de sus
pueblos (menos la fortaleza de Adra); y
se obligaban, por último, a darle
treinta mil castellanos de oro (unos
cuatrocientos cuarenta mil reales).
Vivía, pues, a orillas del Andarax aquel
régulo que había sido verdadero Rey; y
vivía tranquilo, ya que no dichoso.
Rico, espléndido, querido de sus
súbditos, habíase consagrado
exclusivamente al amor de su esposa, la
mansa y hechicera MORAIMA (que tanto
elogian los cronistas africanos), y al
cuidado del Infantico, cuyos rastros
pierden luego las historias(6).- Su
único esparcimiento era la caza de
liebres con galgos, o de pájaros con
azores, que le hacía extenderse a veces
seis y ocho leguas, hasta el término de
sus dominios, por los campos de Berja, y
de Dalias, y pasar semanas enteras fuera
de su casa(7).
Mas
he aquí que los REYES CATÓLICOS juzgaron
que la permanencia de BOABDIL en España
podría ser inconveniente con el tiempo;
y aunque ninguna queja abrigaban de él,
ni respecto de sus pasos y
conversaciones (que sabían diariamente,
por tener comprado a su Ministro
ABEN-COMIXA), propusiéronse obligarlo,
ya que no podían compelerlo, a emigrar
por siempre de nuestra tierra.
A
las primeras proposiciones que se le
hicieron, en Diciembre del mismo año de
1492, fundadas en argumentos especiosos,
para que vendiese sus bienes y se
marchase a África, el príncipe islamita
se alteró mucho y dio esta sentida
respuesta: -
«Yo he cedido un Reino para estar en
paz, y no he de ir a otro ajeno a estar
en cuestiones(8)».
Fácil es adivinar lo que pensaba BOABDIL
al expresarse de aquel modo.
Indudablemente tenía ante la vista el
ejemplo de lo que acababa de acontecer
en África a otro príncipe de su propia
sangre, que, como él, cedió un Reino (el
de Guadix y Almería) a los REYES
CATÓLICOS, a cambio de aquel mismo
irrisorio Señorío de la Alpujarra; que,
como él, residió algunos meses en
aquella misma taha de Andarax (dos años
hacía por entonces), y que, como él,
viose también muy luego hostigado por
sus Altezas para que les vendiese sus
bienes y abandonase la tierra de España.
MULEY ABDALÁ EL ZAGAL(9) (pues dicho se
está que de tan valeroso e infortunado
príncipe se trata) hubo al fin de
acceder a ello, y embarcose con todos
sus tesoros (año y medio hacía a la
sazón), poniendo el rumbo a la costa de
Marruecos... Al desembarcar en aquella
tierra, la besó, creyendo que le sería
más propicia; pero el Califa de Fez, so
pretexto de castigar sus rebeldías
contra MULEY HACEM y contra BOABDIL,
apoderose de él, lo sepultó en una
mazmorra, robole todas sus riquezas, e
hizo que el verdugo le quemase los
ojos(10).
El
ejemplo no podía ser más terrible, y se
comprende bien que al sobrino del
ZAGAL(11) le repugnase la idea de pasar
a establecerse a África, a pesar de las
muestras de afecto que recibía de todos
sus soberanos, y muy particularmente del
mismo Califa de Fez.
ABEN-COMIXA continuó, sin embargo (de
acuerdo con HERNANDO DE ZAFRA,
Secretario de los REYES CATÓLICOS),
sembrando mayores recelos, augurios y
amenazas en el ánimo de BOABDIL acerca
de la suerte que le aguardaba en España;
y entonces pidió éste a sus Altezas
permiso para ir a Barcelona a exponerles
sus temores y sus agravios, así como a
rogarles que no se le importunara en su
pacífico retiro... Pero los REYES,
atentos sobre todo a la razón de Estado
cuya , moral sui generis no cae bajo mi
jurisdicción, eludieron sutilmente el
mandarle licencia, y le dijeron que les
enviara en su lugar a su Visir ABEN-COMIXA,
que para el caso era lo mismo.
Cayó en la red el antiguo Rey de
Granada, y COMIXA partió para Barcelona,
donde, sin credenciales ni poderes de su
amo(12), aunque en nombre suyo, y sin
que nadie se diese por entendido de
aquella concertada informalidad, el
pérfido moro otorgó con FERNANDO e
ISABEL una Escritura pública, por la que
BOABDIL y las princesas les vendían
todos sus Estados y bienes patrimoniales
en la cantidad de nueve millones de
maravedises, obligándose a dejar la
tierra de España para no volver más a
ella...
Cuando tornó COMIXA a la Alpujarra y dio
a entender a BOABDIL lo que había hecho,
tratando de demostrarle que le convenía
ratificar aquel contrato, el Rey,
furioso, tiró del alfanje, y hubiera
cortado la cabeza a su fementido
consejero, a no interponerse y salvarlo
las personas allí presentes.
Pero pasaron días... COMIXA, desde el
lugar en que lo tenían resguardado de la
cólera de su señor, inventaba mil
alarmantes historias de intrigas,
asechanzas y maquinaciones de los REYES
CATÓLICOS contra BOABDIL, diciendo
haberlas descubierto en su viaje a
Barcelona; y con esto, y con los sustos
naturales de las princesas, y sus
lágrimas, y los consejos de toda aquella
pequeña corte, que deseaba salir del
protectorado de los cristianos, hubo
bastante para que el príncipe, fácil y
condescendiente de suyo, consintiera al
cabo en ratificar la obra de su
Ministro.
Quedó, pues, concertado que la familia
real musulmana se embarcaría en cuanto
terminasen los calores de aquel mismo
año de 1493.
Durante los preparativos del viaje,
murió de melancolía la excelente
MORAIMA, la tierna esposa de BOABDIL...
¡Aciaga estrella la de aquel hombre,
efectivamente desventurado13! ¡En el
momento de partir para un destierro
perpetuo, perdía a la dulce compañera
de su vida, al único ser que hubiera
podido hacerle soportable la
expatriación!
El
ánimo se detiene contristado a
considerar al mísero proscrito, sobre
todo en el horrible trance de esconder
el cadáver de su esposa en aquella amada
y esquiva tierra que él iba a abandonar
para siempre... ¡Acaso cavó por sí solo
la negra sepultura, en su amante recelo
de que llegase a ser descubierta y
profanada algún día!...- Ello es que
nadie ha sabido jamás dónde fue
enterrada MORAIMA, ni ya es de temer que
den con ella los anticuarios.
¡Triste BOABDIL! ¡Cómo envidiaría unas
veces a la que había compartido con él
el trono de Granada, al ver que ella se
quedaba al fin en el suelo patrio,
refugiada en el seguro asilo del eterno
sueño! ¡Cómo la increparía otras,
acusándola de egoísmo, ingratitud
yabandono! -«¡No has querido seguirme!»
-le diría-. «¡Has desertado de la
batalla, dejándome solo, enfrente de mi
destino!»
Y, a la verdad, la desaparición de
MORAIMA en tal instante, más que un
inevitable eclipse decretado por la
muerte, más que aquella melancólica
ausencia de los finados que van a
aguardarnos a otro mundo, parecía una
cruenta separación en vida; algo tan
desesperado y tremendo como las
despedidas al pie del cadalso, o como un
divorcio no deseado por una de las
partes.
Sucedió esto a últimos de Agosto.- En
fin, a primeros de octubre, BOABDIL su
madre, su hermana, -48- su hijo y
algunos amigos y criados, salieron del
puerto de Adra, en una carraca de Íñigo
de Artieta, mientras que en otra carraca
genovesa y dos galeotas iban hasta mil
ciento treinta moros más, que huían
espontáneamente de la dominación
castellana.
Favorables viento y mar a su infortunio,
facilitáronles el acceso a la costa de
enfrente, y, al otro día, aquellos
navegantes, que llevaban al suelo
africano los tristes restos del Imperio
muslímico-español, tocaron tierra en
Caraza, a poca distancia de Melilla.
¡Por allí volvía a entrar en África, al
cabo de ochocientos años, desheredada y
llorosa, la hueste aventurera de TARIC,
después de haber sido señora de casi
toda la Península Ibérica!
Sin
detenerse en Melilla, pasó BOABDIL a
establecerse a Fez, cuyo Califa era su
pariente y amigo, y donde vivió treinta
y tres años más, muy considerado y
querido de aquel soberano y de todos los
marroquíes, en un alcázar que hizo
construir por el estilo del de la
Alhambra.
Es
la única particularidad que se sabe de
la segunda parte de su vida.
En
cambio, se conocen las honrosas
circunstancias de su muerte, y la alta
manera como pagó la hospitalidad a su
deudo y bienhechor.
En
1526, precisamente el mismo año que
CARLOS V hacía mención de BOABDIL en la
Alhambra granadina, encontráronse a
orillas del Guadal-Hawit (río de los
Esclavos) las tropas del citado Califa
de Fez, MULEY HAMET EL BENIMERIN, y las
hordas bárbaras de los dos hermanos
JARIFES, que le disputaban el trono, y
que por cierto se lo ganaron en aquella
jornada, fundando la actual dinastía de
Marruecos.
La batalla fue reñidísima, y en ella
mandó parte de la vanguardia del
ejército de MULEY HAMET un guerrero de
encanecida barba y principalísimo porte,
el cual hizo prodigios de valor y
temeridad, hasta que al cabo hubo de
sucumbir al número de los enemigos,
muriendo bizarramente con todos los que
iban a sus órdenes.
El
ensangrentado cadáver de aquel heroico
anciano fue uno de los innumerables que
arrastraron al mar las aguas del
impetuoso río...
Desventurado hasta después de muerto,
sus cenizas no durmieron en la tierra.
Era BOABDIL(14). [...]
¡Singular coincidencia! -Cuando los
agarenos entraron en España, el último
Rey godo, D. RODRIGO, cayó herido en las
aguas del Guadalete, cuyas ondas
arrastraron al mar su cadáver.-
Ochocientos trece años después, el
último Rey moro de España, BOABDIL,
moría de la misma manera, y tenía
también por sepultura los abismos del
océano.
¡Qué cosas!