Los acontecimientos
económicos tuvieron un impacto internacional, incluso en el siglo XVI
El oro que llega a Mali se divide en tres partes. La
primera va con la caravana desde Mali hasta un lugar llamado Kukya, en la ruta
que lleva a Siria y El Cairo. La
segunda y la tercera parte van en una caravana
desde Mali hasta Timbuktú, y allí se dividen en dos, una que llega a Túnez
cruzando Tuat y la costa Berbería y la otra que pasa por Wadan y desde allí
llega a Orán y Tlemcen, también en Berbería, dentro del Estrecho de Gibraltar, y
también hasta Fez, Marrakesh, Arzila y Massah, lugares éstos fuera del Estrecho.
Y en esos lugares nosotros los italianos, y otros cristianos, lo compramos a
cambio de ciertas mercancías que les entregamos.
Esto fue escrito por el
descubridor de las Islas de Cabo Verde, el
veneciano Alvise da Ca´Da Mosto, quien exploró la Gambia por cuenta de la corona de Portugal en 1456, como
parte de la campaña de exploración de la costa occidental africana emprendida
por el Príncipe Enrique el Navegante. La capital del imperio de Mali era Niani,
sobre el Níger, que fue visitada por Ibn Battuta en una misión diplomática en
1352.
Fue allí que las tribus paganas trajeron el legendario oro de Wangara y lo
canjearon por el equivalente de su peso en sal. Había una gran colonia mercantil
egipcia en Niani, pues el oro de Wangara -o Bambuk- era la propia sangre de la
economía mameluca. El informe de da Ca' Da Mosto, escrito cien años después de
la visita de Ibn Battuta, cita una importante perturbación en la corriente de
oro desde el África subsahariana hasta Egipto. Para entonces, un tercio de la
producción de Wangara se dirigía a Europa en vez de a Egipto.
Esta desviación
trajo consecuencias catastróficas para los mamelucos.
Sin embargo, aún antes de que los portugueses lograran desviar una parte del oro del Sudán occidental a
Europa, es posible que el abastecimiento que llegaba a Egipto ya hubiera
experimentado una merma. En 1425, dos años después de convertir la industria
azucarera en un monopolio estatal, el sultán mameluco Barsbay devaluó la unidad de moneda de oro
islámica, fijando su peso en 3,45 gramos de oro en vez de 4,25. Esta fue la
primera devaluación del dinar por razones económicas en la historia islámica.
(Una devaluación de 4,55 a 4,25 gramos ordenada por el califa Umayyad Abd al-Malik
ibn Marwan en los primeros años del Islam constituyó una corrección técnica,
efectuada para simplificar la medida.
Las economías de Europa, especialmente las del Mediterráneo meridional, estaban intrincadamente
entrelazadas con las economías del Levante, y éstas a su vez con la India, la
China y las grandes cadenas de islas del Océano
Indico. Una sola perturbación del esquema, tal como la interrupción del
abastecimiento de oro a Egipto observada por da Ca' Da Mosto, causó efectos muy
graves a miles de kilómetros de distancia.
Aun más importante para los mamelucos fue la escasez de la plata. Hacia fines del siglo XIV se redujo el
contenido de plata de la moneda tal vez debido a la
interrupción del suministro de la plata procedente de Asia Central, debido a las
conquistas de Tamerlán.
La comenzar el siglo siguiente fueron desapareciendo las
monedas de plata, que fueron reemplazadas por monedas de cobre. El cobre era
comprado a los venecianos, quienes lo obtenían de las minas de Europa oriental.
Las pequeñas monedas de cobre, semejantes a emisiones bizantinas y denominadas
en plural, se habían conocido
en los primeros siglos del Islam y para entonces ya habían
prácticamente desaparecido aunque aún hoy significa "dinero"
en el idioma árabe de todos los días. La reinstitución de la acuñación del cobre
durante las últimas épocas de los mamelucos estuvo directamente relacionada a la
repentina escasez de la plata.
Las dos fuentes principales de
plata para los mamelucos eran Transoxiana y Europa. Existen indicaciones de que
el suministro procedente de Europa estaba escaseando, porque la plata había
adquirido más valor allí y no se exportaba como antes. Cada vez más, por
ejemplo, los mercaderes venecianos pagaban sus valiosas especias con bienes en
vez de monedas de plata, y el Levante se estaba inundando de mercancías europeas
papel, jabón, lanas y hasta sedas. El crecimiento de la industria azucarera en
el Mediterráneo meridional y en las islas del Atlántico debe haber contribuido
también a la disminución de los ingresos de los mamelucos, pues el azúcar había
sido por mucho tiempo una de las principales exportaciones para Egipto.
El canje de la sal por el oro en Mali era un buen negocio, lo mismo que el comercio en especias. Aun hacia
fines del siglo XV, a pesar de las enormes pérdidas de población debido a la
peste, y de los consecuentes aumentos de sueldos y de la inflación, la balanza
de pagos de los mamelucos debe haber sido muy robusta. Pero al igual que en la
España del siglo XVI, los gastos militares de los mamelucos eran sumamente
elevados y anulaban todo superávit. Un solo hecho ilustra hasta qué punto había
llegado este deterioro económico: En 1490, dos años antes de que Colón llegara
al Nuevo Mundo, los habitantes de El Cairo comenzaron a comer pan de cebada,
después de haber sido exportadores netos de trigo por siglos.
Veinte años después, en 1517, el dominio mameluco llegó a su fin cuando los otomanos conquistaron Siria y
Egipto.
La economía otomana también era vulnerable a los acontecimientos que
ocurrían en tierras lejanas, pero esta vez no se trataba de las tierras al sur
del codo del Níger sino mucho más lejos, del otro lado del Atlántico, en las
minas de plata del Perú.
El oro, la plata y el petróleo se encuentran siempre en lugares inaccesibles, pero no puede haber muchos
lugares más inaccesibles e inhóspitos que Potosí. Esta ciudad de las minas de
plata, ubicada en lo que es actualmente Bolivia, que se levanta a unos 4200
metros sobre el nivel del mar, tal vez sea la ciudad más alta del mundo. El gran
cerro en forma de pan de azúcar donde se encuentran las minas se eleva todavía
unos 600 metros más. "La montaña con la mina está a un lado de la ciudad," dice
Elías ibn Hanna, el viajero árabe. Esta montaña es famosa en todo el mundo por su enorme
riqueza, pues han extraído riqueza de ella por más de 140 años. Han colocado
vigas de madera a cada lado de la montaña para que no se caiga, de tal modo que
desde afuera parece entera, mientras que por dentro es hueca. Trabajan en el
interior de la montaña, cortando piedras, setecientos indios que pertenecen a
los hombres que le han comprado al rey una participación en la montaña. Estos
indios son designados especialmente para hacer este trabajo por orden del rey, y
cada propietario de mina tiene una cantidad específica de indios en su mina.
En
la orden del rey se ha estipulado que cada ciudad india debe proporcionar
hombres para que trabajen en las minas. La ley establece que uno de cada cinco
hombres debe entregarse a esta tarea. Si los jefes de la aldea no los
suministran, el virrey los destituye de sus puestos. Cuando estos indios llegan
a la ciudad de Potosí, el gobernador los divide entre las minas.
El mineral de plata fue
descubierto en el cerro Potosí por un pastor indio en 1545; dos años después, se
trazó una ciudad siguiendo un plan de cuadricula y se inició la producción. Pero
la enorme productividad de Potosí se debió a la nvención en 1571 de un método
revolucionario de amalgamación del mercurio para el refinamiento de la plata.
Esta técnica, nueva para los españoles, incrementó diez veces la cantidad de
plata que podía recuperarse del mineral. El suministro de mercurio, o azogue,
provenía de las minas de Huancavélica, en lo que es actualmente Perú. Elías
describe el método de la siguiente manera:
En esta ciudad hay 37 molinos que muelen la plata día y
noche, con excepción de los domingos y días de fiesta. Después de pulverizar el
mineral, toman 50 quintales del mismo y lo apilan en forma de parva y lo mezclan
con agua ... después agregan la cantidad de azogue necesaria, lo mezclan con
agua y lo revuelven varias veces con paletas. Si requiere más azogue, lo agregan
hasta encontrar las proporciones correctas ... Cuando está cocido y
completamente amalgamado, de modo que brilla cuando se expande sobre un casco,
lo ponen en una cuba y le dejan correr agua encima y lo mezclan bien. La plata y
el azogue se adhieren al fondo y el agua se lleva el polvo. Cuando terminan de
lavar la mezcla, cierran la cuba y drenan el agua y la limpian. Entonces quitan
la plata y el azogue, que se han amalgamado. Colocan la mezcla en bolsas de
arpillera y las cuelgan, colocando sacos de cuero de vaca por debajo. El azogue
se desprende de las bolsas y cae en los sacos de cuero. La plata pura conserva
la forma de las bolsas, como conos de azúcar moldeados.
Esta técnica de amalgamación para extraer la plata se había empleado en tierras islámicas por siglos, no sólo
para refinar la plata sino también para refinar el oro. El erudito musulmán al-Biruni,
que escribe alrededor del año 1000, describe un proceso de amalgamación muy
similar al que relata Elías ibn Hanna casi 700 años después. Es muy posible que
el "inventor" español del proceso, Fernández de Velasco, lo haya aprendido de
mineros musulmanes en Andalusía o en África del Norte.
Después de la introducción del proceso de amalgamación del mercurio, la producción de plata del Potosí aumentó
notablemente, difundiendo profusamente este metal precioso en España, Europa y
el imperio otomano. Los efectos de esta novedad repercutieron aun más lejos. Se
ha estimado que entre un tercio y una mitad de la producción de plata de Potosí
encontró su destino final en China, pues fue en estos mismos años que los
galeones de Manila -buques veleros que conectaban la colonia española en las
Filipinas con el Nuevo Mundo- iniciaron sus travesías por el Pacífico.
El efecto de toda esta plata fue exactamente lo que era de esperar: una gran inflación, primero en Europa y
después en el imperio otomano. Esta tendencia inflacionaria había comenzado aun
antes de Potosí, hacia fines del siglo XV, de modo que la plata peruana no fue
la única causa. Pero hasta mediados del siglo XVI, el estado otomano, con sus
productivas minas de plata en Serbia, Tracia y Macedonia, había tenido un
abundante superávit y una acuñación relativamente estable. En 1584, el sistema
monetario de la plata comenzó a devaluarse, en un esfuerzo por equilibrar el
presupuesto casi seguramente debido al alza de los precios.
La revolución de los precios que golpeó a Europa después de 1550 y al imperio otomano después de 1580 condujo
a una gran agitación social. Los enormes gastos militares de España, por
ejemplo, condujeron a un incremento del número de quiebras; a pesar de las
cantidades de plata americana que inundaban el país desde el Perú, la corona
española estaba constantemente endeudada y la plata terminaba en manos de los
banqueros, primero los de los Países Bajos, y después de Italia, para financiar estas deudas. España misma se
fue empobreciendo paulatinamente. A las personas que vivían de ingresos fijos
les resultaba cada vez más difícil cubrir sus gastos en la situación
inflacionaria: esto era especialmente evidente en el imperio otomano del decenio
de 1580.
También los otomanos estaban empeñados en guerras costosas, en Europa y con Persia una situación agravada
por la expansión demográfica. En vez de sufrir por falta de metales preciosos,
algo que había afectado periódicamente a los últimos mamelucos y a los primeros
otomanos, el imperio otomano se ahogaba en plata, pero paradójicamente se
empobrecía al mismo tiempo.
Los funcionarios del gobierno ya no podían vivir con sus salarios,
los janízaros, la médula de la maquinaria bélica otomana, no podían vivir con
sus pagas. En 1589, los janízaros se rebelaron porque se les pagaba con una
moneda degradada, y a esto le siguieron más rebeliones cada vez más violentas.
Los campesinos huían de sus tierras y los hacendados, o ya no podían cumplir sus
obligaciones militares. Gran parte de la tierra dejó de cultivarse, ya sea por
caer en manos de los especuladores o por ser devuelta al gobierno. La
agricultura no podía mantenerse al mismo ritmo del crecimiento demográfico. En
poco tiempo bandas de campesinos desarraigados merodeaban el campo, y las
ciudades estaban plagadas de inseguridad.
Las bandas errantes de campesinos sin tierras se llamaban. Muchos de éstos
habían combatido en las guerras y existía un peligro muy real a fines del siglo,
de que pudieran tomar el poder. En Asia Menor estallaron rebeliones en todas
partes entre 1596 y 1610; los rebeldes se llamaban jallali y sus estragos eran tan terribles
que Elías ibn Hanna, escribiendo 70 años más tarde, utiliza la palabra jallali
para describir a los indios salvajes que había encontrado en Sudamérica.
Las revueltas de los jallali fueron erradicadas implacablemente a comienzos del siglo XVII, pero las causas
del descontento continuaban. En parte como consecuencia de la corriente de plata
procedente del Nuevo Mundo, el poderoso estado otomano perdió su vigor inicial y
comenzó su larga y lenta decadencia.
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